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Mitos modernos
Sobre El universo maravilloso, de Bruce Wagner
Me gustan las novelas que parecen novelas: escritas en pasado, en tercera persona, donde pasan cosas — acciones físicas, transformaciones mentales. Me gustan los personajes, los párrafos largos. Me encantan las novelas que me hacen pensar en qué andará el protagonista mientras yo lavo los platos o escribo un mail. Me gusta que el libro sea una especie de bloque físico que me separa del mundo real, y me permite imaginarme cosas, pero sin darme cuenta que estoy imaginando. Pero lo que más me gusta es que una novela me haga preguntarle a todos mis amigos: “che, ¿a este lo tenés? ¿leíste este libro?”.
Así que el newsletter de hoy es un pedido para ustedes: Por favor, arrancá El universo maravilloso: historias de origen, de Bruce Wagner (Walden, 2025) que necesito charlarlo con alguien.
Al principio pensé que el libro no iba a ser para mí, porque intentaba imitar por momentos posteos de instagram y el intento de trasladar internet textualmente a la literatura suele darme una vergüenza ajena terrible. Pero en la FED, quizás porque las ferias la predisponen a una a la aventura, quizás porque desde Las series infinitas, de Farrés (Nudista, 2023) que no me cruzaba con una novela contemporánea de más de 300 páginas, me llevé un ejemplar.
Y sí, la novela arranca con un posteo y una bio de Instagram. Y al principio pensé que era otro escritor-viejo-meado, que está más preocupado por quedar como un cínico irreverente (Houellebecq, te estoy mirando a vos) que por sus personajes. Un tipo muy enojado con el Me-too que escribía una sátira para burlarse de Hollywood. Puede ser que haya algo de eso. Pero como cualquier novelista que se respete, Wagner sigue la máxima de Collette que decía que un escritor debería estar más preocupado por los zapatos que tienen puestos sus personajes que por los grandes temas de la novela.

El universo maravilloso está dividida en tres partes, que podrían funcionar tranquilamente como tres novelas separadas.
En la primera, nos cuenta la historia de Fat Joan, una heredera de millonarios muy muy gorda. Está obsesionada con El hombre menguante y con una serie de chicas jovencitas de la industria (Billie Eilish, Millie Bobby Brown, Greta Thunberg) al punto de hacer unos collage pornográficos de las tres. Joan conoce y se enamora de una actriz de culto a la que acaban de descubrir que tiene ELA, mientras se reencuentra con su abuelo.
En la segunda parte, seguimos a Portia, una estafadora que se hace pasar por la hija secreta de Elon Musk, y que conocimos en la primera parte. Portia tiene una hija, Trix, que cree ser mutante y, además, que Logan (la mejor película de superhéroes del mundo) es una especie de crónica anunciada de su propia vida. Portia también tiene un novio, con el que intentan estafar a un tipo de guita de Ohio que está muy nervioso por engañar a su mujer por primera vez con la hija de Elon.
Y en la tercera parte, conocemos a Garry Gabe, un productor que habíamos oído nombrar en la primera parte, que es acusado de un abuso que no cometió, pero que lo atormenta porque le recuerda a la mujer que sí violó y que sí amó, con la que trabajaba y que se suicidó. En el proceso del armado de su estrategia de defensa, vuelve a entrar en contacto con la hija de la mujer, que a su vez sale ahora con el novio estafador de Portia.
Les prometo que estos tres párrafos no spoilean nada, es una novela inespoileable.
El universo maravilloso tiene varios aciertos:
Usa como personajes secundarios a famosos. Lo que hace que el lector entienda al instante el rol simbólico y el lugar en el campo que ocupa un personaje, sin tener que dedicarle demasiado tiempo. Pero también hace que una sienta que el mundo de la novela se parece al de los mitos griegos: ese tiempo en el que los dioses se paseaban por nuestro mundo.
Wagner se burla de Hollywood y de la moral de la época. Pero se ríe como uno puede reírse de sus amigos más antiguos: con amor, yendo al hueso, pero cuidandolos y perdonándolos. Asumiendo que uno también es un aparato, un freak, alguien haciendo la perfo de que tiene alguna idea sobre lo que significa estar vivo.
Es una novela en la que pasan cosas. En las que pasan muchísimas cosas. Todo el tiempo está pasando algo. No esperen frases subrayables ni reflexiones sobre el amor, la muerte o la naturaleza. Pero sí es una lectura ideal para arruinar los horarios de sueño, o destruir rachas de productividad, porque una se encuentra todo el tiempo pensando “Uy, qué estará pasando ahora con Trix y Wolverine”.
Además, hay algo en ese combo (un panteón de famosos en la vida cotidiana, cierta misericordia por lo humano, la cantidad de cosas que pasan que casi no dejan espacio a la reflexión, el cariz onírico del curso de los acontecimientos) que hace de El universo maravilloso una especie de fábula o de mito de nuestra época.
Como en las fábulas, la novela tiene una coda. Mala. La coda se parece a los créditos finales de Legalmente Rubia, en la que nos cuentan que Elle se recibió con honores y el novio tarado sigue siendo, además de tarado, tremendo desastre. Pero hay algo en la lectura de esta novela que hace incómodo el final tranquilizador y es que esta es una novela vital. Es una novela misteriosa, impredecible, violenta, graciosa, trascendental y maravillosa. Como la vida, no debería terminar con una coda, sino de golpe. Dejándonos afuera del mundo que nos había compartido. Con los aprendizajes que una, mal que mal, haya podido recolectar.
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